lunes, 23 de agosto de 2010

Agradecer

Me he puesto a pensar últimamente que tengo mucho de qué agradecer en la vida. Debo de dar gracias a Dios porque sigo vivo, porque tengo todo mi cuerpo completo (es decir, no me falta una pierna o un brazo o algo por el estilo), porque tengo una familia, porque puedo respirar, ver, sentir, etc... Hasta por las cosas que creo malas que me suceden debo de dar gracias. En pocas palabras, quiero decir que hay una infindad de cosas por las que tengo que agradecer que la lista no cabría ni en mis 250 gb de disco duro de capacidad de mi computadora (ni aunque comprima el documento).
Yo, desde hace tiempo, todas las noches antes de dormir, siempre pienso en eso que tenemos que dar gracias. Pero, ¿cómo sería mi vida si discurriera en eso más a menudo, como una vez cada hora? ¿No seríamos mejores personas si, después de cada clase, dijéramos: "Gracias Dios, por todo, por ......."? ¿Que no así se acabarían nuestras preocupaciones, frustraciones, congojas, penas y zozobras?
También he pensado que en el mundo hay millones de personas que se preocupan por cosas que sí vale la pena preocuparse de ellas. Por ejemplo, hay gente que se inquieta por poder alimentar a sus hijos, por saber cómo están sus familiares en el país donde hay una guerra, etc... En cambio, las cosas que a la mayoría de nosotros nos preocupa son asuntos baladíes, asuntos intrascendentes que no tienen importancia. Y cuando a mí me aturden ese tipo de cosas, llego a pensar: "¿Cómo oso atormentarme por esta insignificancia, si en el mundo hay muchísimas personas que darían lo que fuera por estar en mi situación y no preocuparse por ver si consiguen algo para comer?"
En fin, ni siquiera debemos de pensar en cosas que nos afligen cuando tenemos mucho de que agradecer.
Esta reflexión no puede ser aplicada, por decirlo así, correctamente a lo acádemico, pero sí puede ser llevada a cabo en la vida real.

No hay comentarios:

Publicar un comentario